Casi todos los productos de envejecido se gobiernan con el disolvente adecuado, y no con más producto. Un lavado se extiende, un óleo se difumina, un filtro se aclara y un exceso se retira; todo eso lo hace el diluyente. Aquí tienes diluyentes inodoros en frascos de 35 y 100 ml, aguarrás mineral en los mismos formatos, diluyente nitro para fórmulas más agresivas y diluyente de base agua para los productos acrílicos.
Abajo tienes cómo emparejar el diluyente con la base del producto, por qué el inodoro es el habitual sobre plástico pintado y qué hacer con un envejecido que se ha pasado.
La regla es sencilla: cada producto se diluye con el disolvente de su propia base. Los lavados, filtros y óleos al esmalte piden inodoro o aguarrás; los acrílicos, agua o su diluyente específico; las fórmulas con base nitro, su propio nitro. Mezclar bases es lo que provoca que un lavado se corte en grumos o que la pintura de debajo se levante, y es también la razón por la que conviene mirar la etiqueta antes de abrir el frasco.
El inodoro es el diluyente de uso diario para el envejecido al esmalte porque ataca mucho menos la pintura acrílica de debajo que el aguarrás común, y porque se puede trabajar con él sobre la mesa durante horas sin que la habitación resulte irrespirable. El aguarrás mineral es más enérgico y seca algo antes, útil cuando quieres que el lavado se asiente rápido o cuando toca limpiar pinceles con óleo seco.
Mientras el producto al esmalte no haya curado, un algodón con inodoro devuelve la pieza casi al punto de partida, siempre que la pintura base esté protegida con barniz. Ese sellado es la red de seguridad de todo el proceso: con él puedes rectificar, sin él cada corrección se come el color.
Guarda los frascos cerrados y lejos de la lámpara de trabajo, y ventila mientras difuminas. El proceso completo está en efectos y weathering.