El follaje triturado es la masa de hoja a granel con la que se visten las copas. Llega en copos y grumos en botes de 200 y 280 ml, en microcopos para las escalas pequeñas y en láminas de 28 × 14 cm que se rompen a mano. La gama de verdes está muy abierta, con verde claro, medio, oscuro, mayo, pino y oliva, y a su lado hay otoños en rojo, marrón y amarillo, tonos violeta y malva para arbustos en flor y mezclas de maleza seca y de hierba agostada.
Su destino habitual son las copas de árbol y de arbusto, pero rinde igual de bien en el sotobosque, en la hiedra de un muro y en la maleza que crece contra una valla. La diferencia con un árbol ya acabado es que aquí decides la densidad: un armazón de tronco, dos tonos de copos y una capa de cola bastan para que ningún árbol de la escena se repita.
El grumo es el más grueso y hace volumen de copa visto desde lejos. El copo medio es el todoterreno y sirve para arbusto y sotobosque. El microcopo es el que se usa cuando la hoja no debe distinguirse, en 1/72 y por debajo, donde un grumo normal parece una col.
El orden importa. Primero el armazón abierto, después una capa fina de copos sobre cola para crear la silueta, y solo al final el relleno. Si empiezas por el relleno, el árbol queda como una bola compacta y pierde las ramas, que es lo que lo hacía creíble.
Un árbol de un solo verde no existe. Dos tonos próximos y una pizca de amarillo o de marrón cambian el resultado por completo, y en otoño conviene dejar algo de verde: una copa totalmente roja se lee como adorno.
El conjunto de la escenografía, ordenado por tipo de material, está en accesorios escénicos.