QUICK GEN COLOR parte de una idea sencilla: terminar con el mínimo de capas. Son pinturas con un cubriente y un comportamiento tales que, sobre la base adecuada, resuelven el color y el volumen de una sola pasada. La paleta es amplia y mira sobre todo a la fantasía y al modelo de juego —grises, azules, verdes, amarillos, púrpuras y rojos, además de varios tonos de piel, también no humana—. A su lado hay cinco metálicos, del oro y el bronce al acero frío y al acero oscuro, y cuatro tonos de uniforme militar. Cómo trabajarlas, abajo.
Con diez figuras o una unidad entera sobre la mesa, el método clásico de base, sombra y luz es trabajo de varias tardes. Estas pinturas lo acortan porque al secar se asientan de forma desigual: quedan más oscuras en los pliegues y más claras en los cantos, de manera que el volumen sale ya hecho de la primera pasada. También interesan a quien monta vehículos, aunque los tonos de uniforme sean pocos: el motivo es el grupo de metálicos, que se usa en cañones, cadenas, herramientas y cantos desgastados, donde un modelado minucioso no aporta nada. No es un apaño: en una pieza de dos milímetros, este camino rápido suele dar un resultado más creíble que el modelado laborioso.
Como la pintura no cubre del todo, la base se transparenta. Sobre una base clara el tono sale fresco; sobre gris, más terroso; sobre negro se apaga y pierde saturación. Elige una en los surfacers e imprimaciones y mantén la misma para toda la unidad, o cada figura te saldrá distinta.
Inunda la superficie de una vez y deja secar sin tocar nada más. Los retoques sobre la capa a medio secar dejan cicatrices oscuras que solo se quitan repintando la zona completa.
Los tonos metálicos de esta gama aguantan incluso el pincel seco, con el que el desgaste de un canto se resuelve en segundos. Para eso van bien los pinceles rígidos de la categoría de pinceles especiales.
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