Un diorama se construye con piezas que el kit nunca trae: la base, el suelo, los muros, el mobiliario urbano y los cien detalles que explican dónde y cuándo ocurre la escena. Esta rama reúne ese material y lo ordena de dos maneras complementarias. Por un lado por escala, porque una caja o una farola solo funcionan si comparten tamaño con la figura o el vehículo que las acompaña. Por otro por tipo de material: masas y espumas para dar volumen al terreno, texturas y calcas para la superficie, herramientas para repetir un motivo y toda la escenografía vegetal.
Si es tu primer diorama, el orden de trabajo te ahorrará disgustos: primero una base rígida y el volumen del terreno, después el suelo y los muros, luego la vegetación y al final las figuras y la maquinaria. Al revés, cada paso estorba al siguiente.
La división por escala es la que usarás cuando ya tengas una maqueta elegida: ahí buscas el detalle que combina con ella. La división por material es la de la fase de construcción, cuando lo que necesitas es masa, textura o una herramienta, y la escala todavía da igual.
Un diorama sin habitantes se queda en maqueta de arquitectura. Las figuras y los vehículos militares se eligen en la misma escala que los accesorios, y si el resultado va a terminar en una estantería, las peanas definen el formato antes de que empieces a modelar el terreno. Medir la peana primero y construir después es la forma más rápida de no rehacer el borde.