Pocas cosas mejoran tanto un modelo con tan poco trabajo como abrir lo que el molde dejó macizo. Una boca de escape hueca, un cañón vaciado, una tobera abierta o una entrada de aire que de verdad entra cambian por completo la lectura de la pieza, y todo eso se hace con un portabrocas y una broca fina.
Aquí está el conjunto completo: portabrocas manuales de distintos rangos de apriete, brocas desde dos décimas de milímetro hasta algo más de tres, brocas de metal duro para resina y latón, fresas y cabezales de rectificado, avellanadores esféricos y cónicos, minitaladros de mano y accesorios de vástago fino para herramienta rotativa.
Las medidas del día a día están entre tres y diez décimas de milímetro: el alojamiento de una antena de hilo, el hueco de un tubo metálico, una tobera, el agujero de un pasador. Por encima de dos milímetros ya se trata de trabajo estructural o de conversiones.
Lo que en Escala 1/32 parece natural, en Escala 1/72 se lee como un boquete. Para un orificio que quede a la vista, calcula el diámetro real dividido por la escala antes de elegir broca, y en caso de duda baja una medida: ampliar un agujero es fácil, reducirlo no.
Marca primero el centro con una punta; sin esa marca la broca patina y el agujero acaba justo al lado, que siempre es la zona vista. En plástico, gira despacio y retira el material a menudo: a velocidad alta el plástico se funde y se agarra a la broca. Y sujeta la pieza con una mordaza, nunca con la mano.
Después del taladro entra el lijado para repasar la rebaba del borde, y la varilla o el tubo que vas a alojar están en materiales de construcción.