En plástico, resina y latón el taladro de mano gana al eléctrico casi siempre, y la razón es el calor: giras despacio, notas cuándo la broca empieza a morder y paras antes de atravesar la pieza. Con un motor, la primera señal de que te has pasado es el agujero al otro lado.
Aquí hay portabrocas manuales de cuerpo corto y de mango largo, modelos de doble extremo que llevan dos brocas montadas a la vez, portabrocas de empuje con muelle de retorno que avanzan al presionar, mandriles de tres garras compatibles con herramienta rotativa, juegos de pinzas intercambiables y portabrocas con surtido de brocas incluido. Los rangos de apriete cubren desde una décima de milímetro hasta cerca de cinco.
El corto se gira entre los dedos y da sensibilidad máxima en décimas. El de mango largo apoya en la palma y permite empujar en recto, que es lo que quieres a partir de un milímetro.
Dos brocas montadas, una en cada punta. Ahorra el cambio constante cuando alternas dos medidas, por ejemplo marcar con la fina y abrir con la gruesa.
La broca gira al presionar y el muelle devuelve el mango. Son cómodos para filas de agujeros y para madera, menos para décimas en plástico.
El rango de apriete es el dato que importa: un portabrocas que empieza en cuatro décimas no sujeta una broca de dos. Los juegos con pinzas intercambiables cubren todo el abanico con un solo mango.
Marca el centro antes de girar y comprueba la medida con una regla o un calibre: en décimas, el ojo se equivoca.