La aviación es la rama con más tradición del modelismo en papel, y se nota en el nivel de dibujo: paneles, remaches, desgastes e insignias vienen impresos en la propia lámina, de modo que el acabado depende del corte y del montaje y no de la pintura. El grueso de esta sección son aparatos de hélice en escala 1/33, desde cazas y bombarderos ligeros de los años treinta hasta un cuatrimotor pesado de la Segunda Guerra Mundial, junto a una serie de cuadernos que reúne dos tipos de avión en cada número.
Abajo tienes cómo se montan las partes difíciles de un avión en papel y qué conviene tener a mano.
Se monta por anillos: se pegan las cuadernas sobre una quilla central y encima va el forro, cilindrado antes de pegarlo. Si la cuaderna queda un milímetro desplazada, el forro arruga, así que vale la pena montarlo todo en seco primero. En un 1/33 el fuselaje es lo bastante grande para que quepa la mano dentro mientras lo cierras, que es la ventaja de esta escala.
El ala se cilindra sobre el borde de ataque y se cierra por el borde de salida, que debe quedar lo más fino posible: una arista gruesa se ve desde lejos. El capó del motor y la cubierta del radiador son las piezas con doble curvatura, y son las que piden más pruebas en seco; mójalas muy ligeramente para que la cartulina ceda.
La hélice de papel se refuerza con alambre pegado por dentro para que no se doble. Para la cabina, lo habitual es montar el marco impreso y pegar detrás un acetato recortado, con lo que se consigue el acristalado sin perder el dibujo de los montantes.
La serie de cuadernos combina dos aparatos por número, con la lámina y el plano de montaje en la misma publicación. Es un formato cómodo para construir dos piezas del mismo periodo y compararlas, y los temas van del biplano de entreguerras al reactor de entrenamiento.
Los recortables sencillos son el paso previo si nunca has montado uno, y toda la rama está en maquetas de papel. En plástico, el mismo tema tiene su sección en aviones y en helicópteros.