La ceniza del material quemado no es blanca como el papel: tiene un matiz grisáceo y apagado que recoge el tono acrílico Incinerated White de Lifecolor.
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La ceniza de un toldo o de una cuerda quemados no es blanca como el papel. Tiene un matiz grisáceo, mate y extinguido, que resulta más polvo que color, y precisamente por eso no se puede sustituir con un blanco corriente. El Incinerated White de la gama acrílica Lifecolor es el tono para ese papel: el tono claro del residuo que queda después del fuego.
Dónde surge la ceniza blanquecina
En el textil y en el cáñamo la fibra arde rápido y casi no deja nada: queda una película clara y fina que mantiene la forma del material original hasta que el viento la dispersa. Un residuo parecido lo encontrará alrededor de las hogueras apagadas, en los sitios donde ha acabado de arder la leña y en los bordes de las piezas dañadas del material militar. La ceniza, además, nunca queda de forma uniforme: se mantiene en las hendiduras y en los sitios a sotavento, de donde el aire no se la lleva.
El mejor resultado lo da una aplicación fina y discontinua sobre una base oscura. La ceniza debe verse como una película, no como una capa de pintura, así que se aplica mejor con el pincel casi seco o con un paso ligero por los cantos. En pareja con el tono oscuro de la zona ahumada surge la transición que crea toda la impresión de un incendio.
La pintura es acrílica, de base acuosa, apta para pincel y para aerógrafo.
Mantener fuera del alcance de los niños. Remueva el contenido antes de usarlo y ventile al pulverizar.
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