Los 120 mm son el formato mayor de la figura de club y cambian la naturaleza del trabajo: doce centímetros de altura significan que el rostro, el pelo y la tela se pintan de verdad como pintura, con transiciones y subtonos, y no apenas insinuados.
El surtido mezcla dos líneas: figuras femeninas de carácter y figuras militares del siglo XX, entre ellas escenas del sureste de Europa y del frente oriental. El dato de 120 mm es la altura de la propia figura y no una escala, así que se trata de piezas de colección sueltas para peana y no de material de diorama. Las piezas de resina llegan sin montar y sin pintar, con el lavado del desmoldeante y el corte de los bloques de colada por delante.
En las escalas pequeñas se pinta el tono. Aquí se pinta la forma. Sobre una cara del tamaño de una uña se puede trabajar con los subtonos de la piel, con el dibujo de los labios y de los ojos y con el brillo de la mirada. Con la tela pasa lo mismo: un pliegue mide varios centímetros, así que cabe en él una transición completa de luz a sombra. El resultado depende entonces de la paciencia, no de la destreza con la lupa.
Las piezas grandes suelen venir con la cabeza, las manos y la peana por separado. Prueba en seco hasta que la junta asiente y solo entonces pega con cianoacrilato. La ranura que quede se enmasilla y se lija en húmedo: en una figura grande cualquier línea sin terminar se ve desde un metro.
Da una imprimación, luego una base en un tono más oscuro y desde ahí sube hacia las luces. Van bien los colores de secado lento, porque una transición grande hay que llegar a extenderla. Reparte la piel y el ropaje en etapas y deja descansar la figura entre ellas, para que los errores se vean.
Una figura de doce centímetros merece una peana con altura y no un disco plano. Las peanas iguales además unifican la colección cuando empieza a crecer.
Las alturas menores están en el resumen de figuras.