TRUE Metal no es una pintura en bote, es una pasta metálica. Se coge con un paño, un pincel o directamente con el dedo y se frota contra la superficie, donde al secar queda una película metálica que además se puede pulir hasta subir el brillo. La lista incluye aluminio, plata, acero, latón, oro, gunmetal y un violeta metalizado. No hacen falta aerógrafo ni diluyente, así que la pasta sirve también para remates sobre un modelo ya terminado.
La pasta resuelve los casos en los que pulverizar no merece la pena: una hoja de cuchillo, una cinta de munición, el canto gastado de un blindaje, la llanta brillante. La pones exactamente donde la quieres, sin enmascarar alrededor y sin disolvente. La segunda ventaja es el aspecto: con pasta se obtiene un metal irregular, como pisado por el uso, bastante más creíble en una pieza desgastada que un pulverizado uniforme. La tercera es la dosificación: para una pieza basta una cantidad del tamaño de una cabeza de alfiler, así que no hay que preparar nada antes ni queda material sobrante.
Coge lo mínimo y frótalo contra la superficie con movimiento circular. En superficie basta un paño o un bastoncillo; en los detalles grabados usa un pincel viejo de cerda corta y firme. No estrenes un pincel fino con pasta: se endurece.
Cuando haya secado, pasa un paño seco. Cuanto más tiempo y más suave sea el pulido, más alto es el brillo. Aquí el pulido desigual es una ventaja, porque un metal gastado real tampoco brilla por igual. Si lo que quieres es un metal mate, deja la zona sin pulir y retira solo el material suelto.
Para superficies grandes y continuas, sobre todo fuselajes de metal desnudo, es mejor pulverizar: la serie XTREME Metal da una película uniforme sin frotado manual.
Los demás tipos de metal, de los acrílicos a los pulibles, están en metálicas.