El punzón de grabado trabaja al revés de una cuchilla: se tira de él y la punta levanta una viruta mínima, dejando una ranura del mismo ancho de principio a fin. Esa es la razón por la que una línea de panel rehecha con punzón pasa por original y una hecha con bisturí no.
El surtido va de las centésimas de milímetro, para las escalas pequeñas, a cerca de dos milímetros de ancho para juntas de chapa en modelos grandes, con puntas de metal duro, con recubrimiento de carbono y de acero, cinceles de filo ancho de dos, tres y cinco milímetros, hojas de recambio para portacuchillas de grabado, mangos y portapuntas universales, punzones de empuje y útiles de trazado en paralelo.
Las medidas más finas son las que piden Escala 1/72 y menores. Abren una línea apenas perceptible al tacto que, una vez pintada y con un lavado encima, se lee perfectamente.
El rango de uso general para Escala 1/48 y 1/35: suficiente para que el panel se vea sin convertirse en un surco.
Para juntas de chapa, escalones entre paneles y rebajes en escalas grandes, donde la geometría no es una línea sino un canto.
Muchas pasadas suaves, nunca una fuerte. Apoya la punta y arrastra hacia ti con el mínimo peso; cuando notas que la herramienta ya va sola por la ranura, es que la línea está hecha. Las primeras pasadas conviene darlas con la pieza guiada por una plantilla o una cinta, porque el punzón siempre busca la zona más blanda y se desvía al llegar a una.
Con la superficie pintada, los lavados son los que ponen en valor cada línea; el conjunto de la técnica está en grabado y paneles.