La varilla redonda de plástico es un perfil macizo de sección circular. Las piezas más finas miden 0,64 mm y parecen un sedal grueso; las mayores llegan a seis milímetros y medio, con largos de 250 y 350 mm. Con ellas se hacen pies derechos y postes, ejes y pasadores, barandillas, antenas, asideros, vástagos hidráulicos y hasta remaches sueltos, si clavas un trocito en un agujero y lo rematas en cúpula con la lija.
El material macizo no se parte al curvarlo en frío, se puede afinar en punta y deja una testa circular limpia después de cortar, lo que la convierte en el perfil más versátil del cajón.
Es el perfil más sencillo y, aun así, el que más papeles distintos cubre. Al ser macizo aguanta la curva suave sin romper, se lija en punta y corta en redondo perfecto. Donde no sirve es allí donde el agujero tiene que verse: para eso están los tubos de plástico.
Las series por debajo del milímetro se usan en 1/48 y escalas menores para barandillas, antenas y conducciones. De uno a dos milímetros se obtienen asideros y postes: en 1/35 un diámetro de dos milímetros equivale a un tubo de siete centímetros. Por encima de tres milímetros se entra en pilares, ejes de rueda y árboles, propios ya de escalas grandes.
Si la varilla va a hacer de pasador, elige un diámetro una medida por debajo del agujero y compensa el juego con la pintura; así la pieza se puede ajustar antes de pegar. En los postes fijos, en cambio, interesa el ajuste apretado, para que el perfil se sostenga solo mientras trabajas.
Para lo que se va a curvar en formas complicadas o va a soportar tirón —tirantes, conducciones, cables de tren de aterrizaje— resulta más fiable el alambre de cobre o de latón. El plástico blanquea después de muchos doblados y puede romper, mientras que el metal conserva la forma sin recuperarse.
Mientras el adhesivo endurece conviene apuntalar el modelo para que los postes no se desalineen; para eso están los soportes y pinzas.