Veintitrés mililitros es el volumen para las pinturas que más se gastan: los tonos base de un camuflaje, el blanco y el negro con los que ajustas el resto, o el color de una carrocería entera. Igual que en el envase pequeño, el catálogo se divide por brillo, con los tonos brillantes marcados con X y los mate con XF.
Si montas escalas grandes o varios modelos del mismo esquema, tira de un bote mayor en lugar de varios pequeños: además te aseguras de que el tono es el mismo de principio a fin.
Lo que decide es la superficie. Un avión en escala 1/32, un carro en 1/35 o un barco se llevan bastante más tono base que una maqueta pequeña, y reponer la pintura a mitad de trabajo no es buena idea: un bote nuevo puede pertenecer a otro lote y el color no coincidir del todo. El envase mayor elimina ese problema.
Los tonos brillantes se usan en carrocerías, piezas transparentes y en la zona donde van las calcas. Los tonos mate son la base de los camuflajes militares y de los interiores. La división coincide con lo que dice la etiqueta, así que la búsqueda es rápida.
Se aplican a pincel y también se pulverizan. Para aerógrafo, rebaja con el diluyente propio, que da una superficie más lisa que el agua, y trabaja en pasadas finas. El equipo adecuado está en aerografía.
Guarda los botes grandes en vertical y a temperatura estable, y limpia la boca después de cada uso. Antes de pintar remueve siempre desde el fondo: a mayor volumen, más marcado el sedimento, y una pintura mal removida cubre de forma irregular. Para comparar con el resto de series, abre pinturas acrílicas.