Una pieza de fotograbado llega plana y casi nunca se queda así. Hay que doblarla por una línea marcada, a veces a noventa grados exactos, a veces en varios pliegues seguidos, y hacerlo con los dedos o con unos alicates deja el ángulo redondeado y la chapa con arrugas que ya no se recuperan.
Esta sección agrupa lo que resuelve ese problema: prensas de plegado con mordaza y tope, de una o dos palancas, en varios anchos de trabajo; pequeños tornillos de banco de sobremesa para sujetar la pieza; juegos de rodillos para curvar en lugar de doblar; tijeras de filo rígido para recortar latón; bloques de acero sobre los que asentar, y plantillas de montaje para eslabones de cadena y para tracas de casco.
La pieza se sujeta entre dos mordazas con la línea de doblez justo al borde y se levanta la parte libre contra el canto. El ángulo sale recto porque lo define la herramienta, no el pulso, y la chapa no se deforma alrededor del pliegue.
Para lo que no es un ángulo: un anillo de escape, un cilindro, una chapa curva. El rodillo reparte la deformación y el radio queda constante.
Sujetan la pieza mientras recortas, limas o pegas. En fotograbado, tener las dos manos libres no es comodidad, es precisión.
El latón recocido se dobla una vez bien; doblar y desdoblar la misma línea lo endurece hasta que se parte. Recorta la pieza del marco con tijera de filo rígido o con cuchilla contra una base dura, nunca tirando, y repasa la rebaba antes de plegar: una muesca en el canto es por donde se rompe.
El destino más frecuente son los fotograbados para aviones, con sus cinturones y paneles de instrumentos, los fotograbados para vehículos militares y los fotograbados navales, donde las barandillas y escalas se cuentan por decenas. Antes de pegar, el latón pide pintura con imprimación específica, porque sobre metal desnudo el color no agarra.