A partir de cierto tamaño de pieza, los dedos dejan de ser una opción: una insignia de fotograbado, un remache suelto o un asidero de dos milímetros salen disparados en cuanto los aprietas. La pinza es la prolongación de la mano para ese trabajo, y conviene tener más de una.
Aquí hay puntas rectas, curvas y acodadas, de punta fina para piezas mínimas y de punta plana para sujetar sin marcar, pinzas de acción inversa que agarran al soltar y mantienen la presión solas, modelos antiestáticos y antimagnéticos para fotograbado y electrónica, pinzas de bloqueo, pinzas con lupa incorporada, de plástico para piezas pintadas, específicas para calcas, además de juegos surtidos y soportes para tenerlas a mano.
La de uso general: coger, colocar y presentar. En fotograbado es la que permite llevar la pieza al sitio sin tocar la superficie con el dedo.
Trabajan con la mano fuera del campo de visión, lo que importa cuando colocas algo dentro de una cabina o entre dos piezas ya montadas.
Reparte la presión y no deja huella, así que es la indicada para piezas pintadas y para sujetar latón sin marcarlo.
Al contrario que las demás, agarran en reposo y se abren al apretar. Hacen de pequeña mordaza mientras el adhesivo cura, sin que tengas que mantener la fuerza.
Lo que conviene mirar es el cierre: dos puntas que no coinciden exactamente dejan escapar la pieza por el medio. Y guárdalas de modo que la punta no golpee, porque una pinza con la punta desalineada ya no sirve para lo fino, solo para lo grueso.
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