Un coche en 1/43 cabe en la palma de la mano, y una persona a su lado mide poco más de cuatro centímetros. Es la medida con más tradición en el modelo de automóvil de colección, y por eso resulta útil tener figuras a juego: aquí hay pilotos de competición de los años treinta con el mono y el casco de la época, un personaje civil de aire caricaturesco y una pareja de viajeros checos conocidos por sus expediciones de los años cincuenta y sesenta.
Casi todo está impreso en 3D con detalle fino, lo que en esta escala es la única forma de que un rostro de cuatro milímetros tenga rasgos. Abajo te explicamos cómo pintar piezas tan pequeñas y cómo colocarlas junto al modelo sin que parezcan pegadas a última hora.
En 1/43 nadie busca una obra de pintura: se busca que la vitrina deje de ser una fila de coches y empiece a parecer una calle o un paddock. Con dos figuras por escena ya se consigue, y basta un acabado limpio y legible. La ventaja añadida es que estas piezas ocupan nada y se pintan en una sesión corta.
No separes la figura de su base de impresión hasta el final. Imprímala, da el color de la ropa, un punto de piel en la cara y las manos y un lavado oscuro muy diluido para marcar los pliegues. Manipular una figura de cuatro centímetros sin asidero acaba siempre con huellas en la pintura.
A este tamaño, pintar ojos es contraproducente: aparecen dos manchas y la cara se convierte en una máscara. Un tono de piel y una sombra bajo la visera del casco o del sombrero bastan para que el gesto se lea bien.
Para las figuras de competición de preguerra, los monos claros y los cascos de cuero son la referencia correcta; evita los colores saturados modernos, que delatan el error a simple vista aunque la figura esté perfectamente pintada.
Si trabajas en varias escalas de automoción, el índice de figuras para maquetas te lleva a 1/24 y 1/20, donde las mismas escenas se pintan con mucho más margen.