Bajo este apartado conviven dos escalas muy próximas, 1/400 y 1/450, separadas por un octavo de su tamaño: un mismo casco sale un 12,5 % más largo en la primera que en la segunda. Puestas en la misma balda apenas se distinguen, y por eso tiene sentido mirarlas juntas.
Es territorio de destructores, torpederos y escoltas de entreguerras y de la Segunda Guerra Mundial, con una presencia notable de unidades polacas y francesas, pero también hay trasatlánticos y cruceros de pasaje modernos de casco largo, carracas del siglo XVI, dioramas portuarios completos y destructores lanzamisiles japoneses actuales. Un destructor de 114 metros se queda en unos 28 cm; un crucero de pasaje de 345, en 86.
1/400 y 1/450 nacieron en catálogos distintos y nunca llegaron a unificarse. La relación entre ambas es de nueve a ocho, así que un buque de 1/450 puesto junto a otro de 1/400 parece simplemente algo más pequeño, no fuera de escala. Para una vitrina temática es una diferencia asumible; para un diorama con dos unidades juntas, conviene elegir una sola.
El núcleo son destructores, torpederos, dragaminas y corbetas lanzamisiles: buques de 90 a 120 metros que a esta reducción se quedan entre 20 y 30 cm. Es un tamaño muy cómodo para colecciones por armada o por periodo, porque permite alinear seis o siete unidades sin ocupar un mueble entero.
En el extremo opuesto están los trasatlánticos y los cruceros de pasaje modernos, que superan los 80 cm. Son maquetas de superficie limpia donde el acabado lo decide la pintura: blancos bien cubrientes, una línea de flotación impecable y cientos de portillos que agradecen calcas en vez de pincel.
Algunas referencias llegan como escena completa, con muelle, agua y edificios. Son una vía rápida para montar una ambientación portuaria sin construir el entorno desde cero, y encajan bien con las unidades ligeras de la misma escala.
Las escalas vecinas y el resto de la rama naval están ordenadas en maquetas de barcos.