Un círculo recortado a mano tiene el borde irregular y nunca sale dos veces igual. El troquel resuelve eso de un golpe: punzón y matriz coinciden con tolerancia mínima, así que la pieza sale con el canto limpio y la décima pieza es idéntica a la primera.
En esta categoría hay troqueles de círculos en varios diámetros, juegos de punzones con matriz de seis, ocho y once medidas, troqueles hexagonales con su bandeja, estaciones de troquelado para cinta de enmascarar con cuchillas intercambiables, punzones para marcar remaches y troqueles de hojas de roble, abedul, arce y tilo con sus prensas de nervadura, pensados para vegetación de diorama.
Tapas de registro, discos de instrumentos, arandelas, parches de chapa, cabezas de tornillo hexagonal en escalas grandes. Cualquier detalle repetido que tenga que medir siempre lo mismo.
La estación de troquelado convierte un trozo de cinta en una máscara circular exacta, que es la forma limpia de enmascarar ruedas, luces y marcas redondas sin recortar a pulso.
Los troqueles de hoja cortan la silueta de una especie concreta en papel o lámina fina, y las prensas de nervadura marcan el relieve después. Es la diferencia entre un árbol de diorama creíble y un manojo de recortes.
Apoya el troquel sobre una superficie dura y plana y haz la fuerza de una vez, en vertical; si lo inclinas, el canto sale biselado. En lámina plástica conviene probar antes el espesor máximo que el punzón corta sin deformarse.
Repasa el canto troquelado con abrasivo fino, y para agujeros pasantes el camino es taladrado y fresado.