Es el término medio bien entendido. La carrocería es lo bastante grande para que luzcan las molduras cromadas, los cristales y el tapizado del interior, pero el montaje no se come ni el tiempo ni el espacio del 1/12. Por eso en 1/16 se editan sobre todo modelos con historia detrás: un microcoche de una sola puerta, una furgoneta de reparto que todo el mundo reconoce, un descapotable con aletas de cola o un cupé americano de músculo. El surtido es más reducido que en las escalas pequeñas y, justamente por eso, muy de colección.
Los modelos europeos juegan con formas redondeadas y elegantes, donde se nota el lijado cuidadoso y el brillo final. Los americanos suman cromados enormes, pinturas a dos tonos y, en las versiones preparadas, motores al aire con compresor: más piezas y más pintura de detalle.
Casi todas las cajas de esta escala tienen un recuento de piezas sensato y se montan a gusto. Ojo solo con las pinturas a dos tonos, que piden enmascarar con calma, y con los marcos cromados de las lunas. La paciencia con las piezas transparentes se paga doble: unas ventanillas así de grandes se ven a la primera.
Si el formato te atrapa, mantén la colección junta. Los coches en 1/16 se lucen entre ellos, mientras que mezclarlos con 1/24 descoloca la vista; y recuerda que al bajar a la mitad de escala la superficie pintada se queda en la cuarta parte, de ahí que el salto se note tanto.
En un clásico, la pintura es media victoria: alisa el fondo, aplica el color de la gama de pinturas de modelismo en capas finas y une las piezas con un pegamento preciso, para no estropear ni el cromo ni los cristales. Coches del mismo corte en formato menor los tienes en escala 1/24 y 1/25, y más grandes en escala 1/8 y 1/12; el catálogo completo está en maquetas de coches.