Los tonos numerados de Revell son la primera pintura de mucha gente, porque son los que aparecen citados en las instrucciones de las maquetas de la misma marca. El catálogo cubre tonos mate, sedosos y brillantes, metalizados y el negro y el blanco básicos para oscurecer y aclarar.
El número del bote es el mismo que figura en las instrucciones, así que te ahorras las tablas de equivalencias y la duda de con qué sustituir un color que no tienes. Debajo, cómo sacarles partido.
Las instrucciones de una maqueta suelen dar los colores como números y no como descripciones. Si tienes la pintura del mismo sistema, el montaje avanza bastante más deprisa: no hay que descifrar con qué reemplazar cada tono. Por eso esta gama se recomienda a quien empieza y aparece en los conjuntos de regalo.
El pigmento se deposita y al principio parece que la pintura no cubre. Remueve a fondo desde el fondo del bote y, si hace falta, rebaja un poco. Para pincel conviene dejarla densa; para pulverizar, ajústala con el diluyente correspondiente.
El mate resulta más verosímil en escala reducida, el sedoso encaja en máquinas que de verdad iban lacadas y el brillante, en automóviles y piezas transparentes. El nivel de brillo lo puedes cambiar cuando quieras con una capa de barniz.
Esta gama se aplica sobre todo a mano, así que merece la pena un buen pincel de pelo elástico. Dos capas finas con paciencia dan mejor resultado que una gruesa que ahogue el grabado.
La maqueta a la que corresponden los tonos la eliges entre las maquetas de plástico. Para compararlos con otras gamas, abre pinturas acrílicas o los esmaltes.