Un kit inyectado insinúa la cabeza de un tornillo con un relieve plano, como mucho. Los tornillos y las tuercas sueltos, en resina, impresión 3D o metal, se encajan en agujeros pretaladrados y crean volumen de verdad: hexágonos en la tapa del motor, una fila de remaches en el bastidor, uniones aligeradas en un capot de competición. Los racores, por su parte, hacen la transición entre el bloque motor y los tubos; sin ellos un circuito de fluidos nunca parece acabado. La mayoría de las referencias es universal, así que sirve igual en un coche de calle, en un monoplaza o en un vehículo de trabajo.
Lo que manda es el diámetro de la cabeza en milímetros, que viene indicado en cada paquete. Para los coches en escala 1/24 y 1/25 suelen cuadrar medidas de alrededor de 0,7 a 1,2 mm, mientras que las escalas grandes como los coches en escala 1/8 y 1/12 aguantan uniones bastante más marcadas, de 2 mm y más.
Las cabezas hexagonales van al motor y al bastidor; los remaches de cabeza redondeada, a chasis y carrocerías; las de hueco hexagonal, ranuradas o aligeradas, a los coches de competición. Las tuercas de corona con pasador y las tuercas centrales de rueda cierran el eje, y en un diorama de taller tampoco sobran las tuercas con arandela sueltas. Hay además remaches en acabado latón y en acabado plateado, para no tener que pintarlos.
Los paquetes traen de decenas a varios cientos de piezas, de modo que un juego alcanza para varios montajes. Vale la pena tener dos o tres diámetros en el cajón: en una maqueta siempre aparece un sitio donde falta una unión pequeña.
Todo el surtido de mejoras lo resume kits de detallado para coches y Fórmula 1.